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¿En estos espacios de trabajo colaborativo o cotrabajo podemos desarrollarnos como profesionales del crecimiento personal o las terapias naturales?

Si, tanto si estás empezando como si ya llevas años, impartes cursos o talleres en distintas provincias (o quieres), y por qué no, tienes un centro o un gabinete pero quieres trabajar en provincias limítrofes, es una alternativa a tener muy en cuenta. Todo depende del cómo, dónde y de aportar la mayor coherencia a tu trabajo.

Es una filosofía de trabajo que permite a profesionales de diferentes sectores, compartir un mismo espacio de trabajo sin perder su independencia.

En esencia, los espacios de coworking son oficinas compartidas donde profesionales de distintos ámbitos tienen su sitio específico para trabajar y donde además, hay una persona que se encarga de conectar y crear oportunidades de negocio entre esos mismos profesionales aunque cada uno venga de un sector diferente. Hoy día hay muchos tipos de espacios de trabajo en colaboración y muchas maneras de hacerlo. Un poco más adelante, hablaré de aquellos que, desde mi punto de vista, ofrecen mayores posibilidades.

Lo primero a tener en cuenta es el radio de acción, es decir, hasta dónde estás dispuesto/a a desplazarte para trabajar. El factor tiempo es importantísimo, no es conveniente por ejemplo, si quieres vivir de lo que haces, ocupar toda la mañana en una clase de yoga o en un masaje; esto se cae por su propio peso, pero es más habitual de lo que parece, sobre todo en las personas que están empezando. Entre tus cálculos no olvides: tiempo ida/vuelta de los desplazamientos, lo que tardas en preparar la sala o despacho, posibles retrasos tanto de transporte como de clientes, alumnos, personas interesadas que te piden información, dónde y cuándo tienes tu siguiente cita ese día….

Cuidado con llegar y marcharse “con la lengua afuera”, con el tiempo muy justo. Imagínate que cuando tu no estás, alguien pregunta por los servicios que ofreces, y le dicen, por ejemplo: “llega justo para dar la clase y sale disparada como una bala”; de entrada, el futuro cliente/alumno puede tener la sensación (inconsciente) que no hay “espacio” para él, y si se anima a ir a la hora en la que empieza o termina la clase y le atiendes deprisa y corriendo…flaco favor te estás haciendo.

Y la parte social, también hay que hablar de vez en cuando con el dueño que nos alquila el espacio, para muchos es “su casa” y quieren saber quién la habita. La gran ventaja es que a medio y largo plazo, puede traernos gente e incluso acabar colaborando de alguna manera con ese centro. Por lo tanto, a la hora de buscar, tenlo en cuenta.

Otro punto son las instalaciones. La persona que viene a nosotros tiene que tener buena experiencia tanto de nuestro trabajo en sí, como de los elementos externos que lo componen. Recibir a nuestros clientes en un sitio donde hasta las molduras son de pan de oro no, pero tampoco que cuando entre al portal, por un momento nuestro cliente piense que se ha confundido y está en el rodaje de una película de Álex de la Iglesia (con todos mis respetos para este magnífico director). Dentro de las posibilidades que tengamos, escoger la más equilibrada.

Muy importante concretar muy bien las condiciones del contrato o el acuerdo, lo que este nos exige y nuestras verdaderas necesidades. Hay centros donde te obligan a dar la clase aunque haya sólo una persona; a pesar de que más que una cuota fija cobran una pequeña comisión por alumno (en algunos donde también tienen salas de masaje se paga una comisión por cada cliente), tendrás que valorar si te merece la pena, independientemente de trabajar con los clientes del centro y con los que vienen por tu parte.

Otros sitios quieren exclusividad, te alquilan el espacio pero sólo puedes trabajar con sus clientes. Esto es muy común en gimnasios de “cierto prestigio”, la mayoría son cadenas a nivel nacional, donde hay instalaciones para dar clases de yoga, tai chi, aikido…y cabinas de masaje. Para que os hagáis una idea, hace años en uno de ellos, cobraban trescientos cincuenta euros mensuales el alquiler de la cabina con camilla incluida. Haz cuentas. Personalmente esta opción es la que menos me gusta, no suele dar resultado en ciudades medianas o pequeñas; en sitios como Madrid o Barcelona donde los gimnasios pueden llegar a ser hasta edificios enteros y hay mucho volumen de gente, igual si, pero debes valorarlo bien.

Y el precio. La mayor parte cobran por horas, días, por semana y al mes. En España puedes encontrarlos desde cinco euros/hora.

Hay lugares que ofrecen muy buenas prestaciones e instalaciones a un precio muy económico. Dependiendo del sitio, puedes encontrar:

● Zonas de trabajo /aulas/despachos/cabinas/salas perfectamente equipadas.
● Salas de reuniones/aulas con equipamiento audiovisual (pantallas, webcam, proyector, etc).
Internet por cable de alta velocidad.
Zonas comunes (cocina, sala de espera, etc).
Servicios de fotocopias y reprografía.
Café y té.
Wifi.
Taquillas y almacenamiento.

Y ahora pensarás: “todo esto está muy bien, pero ¿En qué tipo de sitios puedo hacer mi trabajo y cómo se encuentran?
En el próximo artículo te lo cuento, ¡No te lo pierdas!

Nacho Cuevas

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